En los últimos diez años la compra de vivienda nueva destinada al hogar se ha generalizado en España. Aunque son sobradamente conocidas las razones por las cuales una inmensa mayoría de los ciudadanos ha elegido esta opción frente a otras para satisfacer sus necesidades de vivienda, las resumiré brevemente: en primer lugar una cierta laxitud financiera impulsada también por unos precios altos (lo que se llamó la democratización del crédito) que permitió a amplios sectores de la población el acceso a la compra de una vivienda en condiciones no conocidas hasta entonces.
En segundo lugar el apoyo público a la adquisición, materializado en las importantes deducciones que las distintas administraciones han venido aplicando a los compradores y que ha permitido a estos aminorar, en gran medida, los enormes esfuerzos económicos vinculados a la compra de la vivienda.
Y, en tercer lugar, unos intereses excepcionalmente bajos (durante muchos años el interés hipotecario se movió en España entre el 3% y el 4 %). Para completar este panorama añadamos la favorable coyuntura económica por la que atravesaba España en aquellos momentos, con crecimientos de PIB y del empleo que doblaban la media europea. Si quieren ustedes y por completar este círculo, se instaló en nuestro país una especie de filosofía en la que por el mero hecho de tener una “propiedad" o ser “propietario" se adquiría también una suerte de pedigrí social.
Ése es, a grandes rasgos, el escenario sobre el cual creció el boom inmobiliario español –y madrileño– origen de la grave crisis por la que atraviesa ahora el sector. Un escenario que, si me permiten era insostenible, irreal y derrochador. En todo caso desde hace ya algún tiempo parece que la situación evoluciona hacia parámetros más racionales o inteligentes.
El último de estos signos que aventuran, si no un cambio, sí un mayor equilibrio entre la compra y el alquiler en el sector de la vivienda, es la aprobación por parte del Gobierno de nuevas medidas para el fomento del alquiler, y calificadas ya por los medios de comunicación de “desahucio exprés".
Sin entrar ahora en una guerra de calificativos estas medidas vienen a dar más seguridad a los propietarios frente a los morosos. Ya antes se han venido tomando otras medidas que abundan en este sentido, como la eliminación, en el horizonte de 2011, de las ayudas a la compra, o la creación de la Agencia Pública del Alquiler que, según los datos de la propia Agencia ha generado desde su nacimiento más de 11.200 contratos. En todo caso estos datos no pueden ocultar la realidad de que nuestro país está, en lo referente al alquiler, muy por debajo de las cifras europeas, que por poner un ejemplo en algunos países como Alemania están 60 % - 40 % a favor del alquiler.
A nuestro juicio, la vuelta del alquiler es, en alguna medida, el retorno de una cierta racionalidad al mercado inmobiliario, y no porque la compra nos parezca en sí misma absurda, es más, en estos momentos con el precio del dinero en el 1% y con un bajada de los precios en torno al 30 %, la opción de compra es muy aconsejable –con permiso de los bancos– sino porque una inversión tan importante como es la adquisición de una vivienda necesita condiciones y necesidades muy concretas. Para lo demás necesitamos tener un mercado de alquiler del que hemos carecido hasta hora.
Es decir, para que los consumidores descubran las ventajas de un mercado de alquiler competitivo se necesitan unos precios adecuados y diferenciados con respecto a la compra (tal vez la media de un alquiler de una vivienda tipo no debería superar los 500 €), viviendas de calidad y la introducción, entre otras, de medidas sociales (viviendas de alquiler VPO, por ejemplo). En definitiva necesitamos recobrar el equilibrio, y con ello la racionalidad y la sostenibilidad en el mercado de la vivienda. |