La intervención de Génova en la sucesión de Blesa en Cajamadrid está teniendo muchos efectos secundarios, pues al margen de la polémica suscitada en el PP ha derribado un acuerdo transversal entre todas las fuerzas políticas y sociales de la Comunidad de Madrid. Ahora hay que reconstruir ese puzzle, lo que en sí mismo denota la magnitud de la cacicada: frente a la ley y el consenso se ha utilizado la fuerza bruta y la amenaza, para indignación de las delegaciones madrileñas de PP, PSOE, IU, CC.OO, UGT y los empresarios.
Pues bien, en ese tránsito, que tiene escocido y con razón a Tomás Gómez, va a haber que elegir un vicepresidente cercano al PSOE, y el nombre que más suena para hacer compañía a Rato es el de un viejo rockero del socialismo madrileño: José Acosta. En tiempos fue poderoso barón en la sombra, muñidor de una corriente que llegó hasta los tiempos de Simancas y encarnó a ese socialismo de toda la vida capaz, para bien y para mal, de enfrentarse a Ferrar o al entonces presidente Leguina.
Jorge Gómez, que hubiera ocupado ese puesto de prosperar la presidencia de Ignacio González, se queda en el camino: otra víctima más de los caprichos de la política nacional, que acumula cadáveres en Madrid a un ritmo digno de libro Guinnes. |