ANTONIO CAMPUZANO
Entre otras cuestiones, la de Cajamadrid y la renovación de sus cargos, dotados de un inconmensurable poder, supuso la desnudez de la ciega ambición y alguna otra discapacidad más entre las facciones del Partido Popular. La presidenta Aguirre y el presidente Rajoy, conscientes del enorme pertrecho que para sus guerras significa la entidad financiera, pugnaron abiertamente sin temor a que trascendiese el resultado de la justa. Y trascendió. Los zapatos bajos, las declaraciones del teniente de alcalde Cobo, entre otros episodios. Ahora, con el pacto entre PP y Partido Socialista para la resolución de esa crisis, emerge la figura resucitada del rector de Alcalá, Virgilio Zapatero, obligado a cambiar de piso y de alfombras tras siete años en el ámbito universitario. Catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política, se estrenará como vicepresidente de Cajamadrid. Salvo opinión más fundamentada, no se espera la visita a su despacho de Jordi Sevilla para pasar una tardes didácticas. Es decir, que la despolitización de los cargos y los curricula financieros han resultado ser simples espantajos que únicamente han servido para rellenar columnas y espacios económicos. Aquí lo que se ventilaba, lo que estaba en juego, era una cuestión de poder. Y Esperanza Aguirre ha perdido clamorosamente frente a la estrategia de Mariano Rajoy. Cada vez está más complicada la posición en el PP de Esperanza Aguirre. Rajoy, Rato en la presidencia de Cajamadrid, Virgilio Zapatero en representación de todas las corrientes del PSOE, la inclusión de Manuel Cobo en el escenario, representan todos juntos a un todopoderoso enemigo de la presidenta de la Comunidad de Madrid. El defenestrado Ignacio González se lame las heridas con profusión de saliva, si bien es cierto que, incluso para cualquier visitante de los “curriculumvite” la comparación de éste con los ilustres de anterior resulta muy lesiva para los últimos. No obstante, Aguirre no tiene por hábito encajar las derrotas sin algún ejercicio de contestación, con lo cual se adivina alguna emoción en las próximas semanas. En Alcalá, entretanto, los defensores de la presidenta Aguirre, quizá por convicción pero siempre por obligada devoción, han de celebrar la Navidad en el reparto equitativo de parabienes y buenos deseos, bajo los principios insoslayables de la justicia distributiva de los grandes de la economía, muy estudiados por Rodrigo Rato, y la advocación de cuantas lecturas sean precisas en el Tiempo de Navidad, ciclo litúrgico que se extiende desde el 25 de diciembre, el Nacimiento del Salvador, hasta el 2 de febrero, festividad de la Purificación. Cuarenta días exactos de gozo, ente los cuales no parece contarse el de los fieles a Esperanza, la terrenal.
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