Las redacciones de media España no son un lugar seguro en estos momentos: a la cadena de despidos -más de 3.000 en un año; todo un ERE masivo encubierto-, se le añade ahora la 'epidemia de fusiones' y los efectos que puede tener. Porque en realidad estamos hablando de adquisiciones, de compraventa pura y dura, maquillada retóricamente para esconder una evidencia: no hay principios que valgan donde hay que intereses contables.
Lo de ver a Berlusconi como accionista mayoritario de Cuatro y socio de referencia de Digital +, tras el pago de 1.000 millones de euros en especie y en metálico, es de traca, y de ello se habla con discreción en las redacciones de Prisa: todo el mundo entiende que la primera obligación de una empresa es existir, y que para ello hay que hacer casi lo que sea, pero en ese viaje se pierde casi toda la credibilidad: ¿Cómo explicarle a alguien esto, tras años denunciando el peligro que representa para Europa la acumulación de medios por parte del presidente italiano?

Y lo que también preocupa, y mucho, es una posibilidad que se antoja remota pero no imposible: ver sentado en el Consejo de Administración resultante a figuras como Alejandro Agag, buen amigo de Berlusconi y colaborador de él en el ámbito televisivo, o no digamos Aznar: éste es hombre de Murdoch, pero a nadie le sorprendería que una nueva alianza entre los dos gigantes, News Corporation y Mediaset, conviertiera al ex presidente del PP en el delgado de ambos en España. No hace tanto se llegó a hablar de ello con una insistencia que parecía una locura y ahora resulta verosímil.
Y mucho más aún lo es el riesgo de ERE que comporta la concentración de canales de televisión en tiempos de crisis publicitaria: si no llega con las 'fusiones' ni con la renuncia por ley de RTVE a participar en la tarta comercial, se impulsarán reducciones de plantilla en masa. En Antena 3 se hizo hace cuatro años; en la Sexta no hay mucho de dónde quitar... pero en Cuatro, con una estructura profesional muy sólida, los temores parecen justificados. Ojalá no se cumplan, ojalá. |