La Navidad periodística tiene una tradición en la Comunidad de Madrid: el regalo, siempre chistoso y con doble intención, que los profesionales de la información le hacen a la presidenta regional. Y a continuación, el sentido del humor que ella le pone al asunto. Este año no fue una excepción: la dádiva, cargada de segundas, consistió en unos altísimos y horterísimos zapatos de tacón rojos, por aquello de que Aguirre nunca hace declaraciones si lleva calzado plano.
La ‘lideresa’ hizo honor a la costumbre calzándose en directo el engendro, entre risas de unos y otros que terminaron con una declaración irreproducible en la que ella se reía de sí misma con un chiste de camionero y ese desparpajo que le ha hecho célebre en todo Madrid.

Aguirre, aquí disfrazada de chulapa, siempre tan castiza
Y como la crisis no conoce fronteras, la Comunidad de Madrid se apretó el cinturón: un cóctel frugal en un espacio reducido para que nadie saque punta a un evento entrañable en el que periodistas y políticos comparten confidencias, quejas, expectativas y chascarrillos con tres consejeros especialmente activos: Juan José Güemes, Francisco Granados e Ignacio Echevarría. Faltó el vicepresidente, Ignacio González, lo que provocó algún comentario rápidamente desmentido por quienes mejor conocen los pasillos de Sol: simplemente se había tomado unos días de descanso con la familia, algo que no hacía desde el verano.
Y unos metros más allá, Zapatero también dio su vino navideño, con poca presencia de ministros, mucho corrillo con el presidente y dos invitados que concentraron todos los comentarios: los máximos representantes del Grupo Prisa, Ignacio Polanco y Juan Luis Cebrián. ¿Declaración de paz? Eso parece. |