Conmemoración
por Uno de la Redacción

VIERNES 15 DE ENERO DE 2010 A LAS 20:07 HORAS
Opinión > Cultura
 
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ALONSO GUERRERO

 

Llega el año de Miguel Hernández. Vaya por delante que toda conmemoración me parece ridícula. Las instituciones, las Universidades y los Estados no deberían vindicar nada, porque suelen desecar y desvitalizar lo que celebran. Las instituciones no leen, sólo subrayan con rotuladores fosforitos lo que debería llegar íntegro y claro al espíritu humano. 


Sospecho que el de Miguel Hernández, de cuyo nacimiento se cumple ahora el centenario, va ser un caso de subrayado. Miguel Hernández es uno de esos escasísimos poetas que podemos conocer a través de su poesía. A otros poetas los interpretamos, Miguel Hernández nos interpreta a todos, como el abismo.

Aprendió a escribir, se enamoró, enterró a su amigo Ramón Sijé y fue tragado por los frentes de la Guerra Civil, combatiendo en el bando republicano. Todo en diez años. Creyó, como un niño, no como un intelectual, en lo que antaño promulgaba el socialismo, porque el socialismo era y es un hermoso juguete infantil al que se le gasta la cuerda. Como socialista, abrazó la posibilidad mágica e hiperbórea de que un cuidador de cerdos pudiera convertirse en poeta, aunque fuese imitando a Góngora. Confío en que, de la misma forma que Cervantes se abre paso a través de todas sus traducciones, Miguel Hernández lo hará a través de las payasadas que le monten los políticos. Bajará de todos los pedestales, y volverá a la trinchera.

Hay que leerlo, practicarlo, suscribirlo, estar de su lado. Si el sacrificio ha tenido alguna vez sentido, él fue uno de los hombres que se lo dieron. Escribió porque admiraba el propio acto de escribir, no la obra de otros poetas. Ojalá hoy día poner un bolígrafo encima de un papel se hiciera con la misma fuerza y los mismos propósitos. La serenidad que emana su obra, la obra, escrita con sangre, de un hombre capaz de resignarlo todo, menos la inocencia, nos coloca frente a la necesidad de un compromiso, de una actitud ante la vida propia y ajena. Sus verdugos no entendieron que hombres así pueden morir para la memoria, no para la vida.


Comentarios
L.G
martes 19 de enero de 2010 a las 18:55 horas
Un placer leerte, como siempre.
un lector avispado
domingo 17 de enero de 2010 a las 16:19 horas
Creo que los de la Muga no me habeis entendido. Yo no me refería a vosotros, sino a los colaboradores del Diario, que parece ser no se leen entre ellos, porque esto ya lo había leído en diciembre, hasta el punto que tenía el artículo recortado para localizar el libro que recomendaban de un tal Ferris, que por cierto está agotado. Es que no deja de ser curioso que esta "Conmemoración" diga las misma cosas que el anterior.
uno de la muga
sábado 16 de enero de 2010 a las 16:03 horas
Lector avispado, aunque nos leamos, no siempre tenemos tiempo disponible para intervenir.
un lector avispado
sábado 16 de enero de 2010 a las 15:44 horas
Muy bien, pero todo esto ya estaba escrito en este mismo periódico hace un mes. ¿Es que no os leeis entre vosotros?
uno de la muga
sábado 16 de enero de 2010 a las 15:36 horas
Éste es el primer poema que memoricé allá por los doce años. Poema que me enseñó a respetar los aromas de las tierras.

"Y QUÉ BUENA ES LA TIERRA DE MI HUERTO"

¡Y qué buena es la tierra de mi huerto!
hace un olor a madre que enamora,
mientras la azada mía el aire adora
y el regazo le deja pechiabierto.

Me sobrecoge una emoción de muerto
que va a caer al hoy en paz, ahora,
cuando inclino la mano horticultora
y detrás de la mano el cuerpo incierto.

¿Cuando caeré, cuándo caeré al regazo
íntimo y amoroso, donde halla
tanta delicadeza la azucena?

Debajo de mis pies siento un abrazo,
que espera francamente que me vaya
a él, dejando estos ojos que dan pena.

Miguel Hernández siempre será referente en poesía rural.

sr. Alonso Guerrero, un placer la lectura.
[1-5]

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