Antonio Fontán y Alcalá
por Uno de la Redacción

LUNES 18 DE ENERO DE 2010 A LAS 11:15 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

En febrero pasado, las Universidades de Alcalá y Rey Juan Carlos homenajearon al momento constitucional de 1978 y personificaron en los presidentes de las Cortes Constituyentes.

esa distinción. Allí estaban Fernando Álvarez de Miranda y Antonio Fontán. Álvarez de Miranda no pudo leer su discurso y, en su defecto de salud, lo tuvo que hacer Fontán, quien acarreó con el suyo y el ajeno. Esa salud se trastocó y Antonio Fontán nos ha dejado hace dos días. Aquel acto simbolizó, como otros muchos, un hito histórico, el de la transición, quien ya ha superado el lugar común de modélica para serlo de verdad. Los corrillos del patio del paraninfo en una estupenda mañana fueron otro modelo de convivencia fraternal.

Fontán protagonizó muchos de ellos, casi siempre acompañado de dos de sus educandos: una en política, Esperanza Aguirre; el otro, en las lecciones y virtudes de Estado, el Rey Juan Carlos. Fontán procuró cohonestar las relaciones de padre e hijo, Don Juan y Don Juan Carlos. Y procuró, siempre con las coordenadas de la tolerancia y la abierta disposición a actuar entre desiguales para hacer desaparecer la diferencia y el conflicto, que el paso de un sistema de gobierno a otro, del totalitario al democrático, se hiciese sin que se sonasen las bocinas de emergencia ni se encendiesen los gálibos de alarma.

De eso, en sus variantes públicas, periodísticas, académicas, se vistió siempre. Por eso, aquel día en Alcalá, la mañana en principio fría de febrero se iluminó sin motivo aparente. Porque allí estaba una cohorte de seres humanos que había ayudado a llegar a la orilla de la humanización de la política a dos generaciones de españoles. Eso tiene mucho mérito. Y el patio de la Universidad Cisneriana acogió aquella fiesta como sin quererlo. Y fue un gran día. En la capilla ardiente de Antonio Fontán, entre una explosión vegetal de coronas, había una de flores blancas, con una banda de arriba abajo con el nombre de Virgilio Zapatero, quien con mucha probabilidad se acordase de aquella mañana soleada.


Comentarios
Antonio Barnés Vázquez barnesius@hotmail.com
lunes 18 de enero de 2010 a las 13:12 horas
Me ha gustado mucho el artículo. Es muy simbólico. Realmente ese doctorado honoris causa fue muy oportuno, muy justo, y muy emcionante por tener lugar en una de las universidades de mayor tradición histórica de España: cuna de humanistas, como D. Antonio.
[1-1]

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