Haití muestra las miserias del mundo
por La Editora

LUNES 18 DE ENERO DE 2010 A LAS 17:53 HORAS
Opinión > Política
 
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El terremoto en Haití ha dejado imágenes escalofriantes y ha mostrado negro sobre blanco la demagogia de las potencias más poderosas del mundo. La retransmisión televisiva durante 24 horas reflejan un país desolado mucho antes de que el terremoto sepultara las pocas esperanzas de miles de personas que viven entre la nada.

 

Haití ha sido y es el país más pobre de occidente ante los ojos de los países más ricos del planeta, un estado sin petróleo y sin recursos naturales que no llama la atención al G-7, al G-8 o G-20 y demás foros internacionales de primer orden. Haití ni siquiera cuenta con infraestructuras, ni carreteras, ni hospitales, ni siquiera maquinaria para poder bajar de los aviones los kilos de ayuda humanitaria para repartirla después entre los centenares de miles de damnificados, lo que habla de la falta de apoyo de inversiones internacionales.


Es aquí, al menos, donde la sociedad ha vuelto a dar una lección a sus gobernantes y ha sabido estar a la altura de las circunstancias. La labor de bomberos, médicos y enfermeros ha sido, una vez más, ejemplar, igual que la sociedad civil que con sus aportaciones económicas a través de las diferentes cuentas bancarias abiertas para la causa.


Menos excusas pueden poner los gobernantes de Estados Unidos o la Unión Europea, que han venido dando la espalda a un país necesitado y desolado por la pobreza y la miseria antes del terremoto. Las palabras de Hillary Clinton de “estaremos con Haití ahora y siempre” llegan tarde y tienen menos valor ante los focos de las cámaras de televisión. La actuación internacional para ayudar a uno de los países más pobres del planeta se tendría que haber producido con anterioridad, antes de que todos los medios de comunicación reflejaran el caos de un país sin esperanza. La ‘interconexión planetaria’ entre Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero tendría que acordarse también de estos pequeños países, en los que la corrupción arrasa ante la indiferencia mundial. 


Pero el 0,7%, la alianza de civilizaciones o el papel de la ONU se queda una vez más sólo en palabras huecas cuando un tragedia de este calibre muestran la lastimosa situación en la que vive buena parte de la población mundial, como ya ocurriera también con el caso Aminatu y el Sáhara. Buenas intenciones que se reducen a la nada cuando no vienen contempladas en los presupuestos. Zambia, Zimbawe, Chad, Moldavia, Liberia, Guatemala, Angola, Mozambique o Sierra Leona son algunos de los países más pobres del planeta, junto con Haití. Ojalá un terremoto no tenga que recodarlo.


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