“Los dones que provienen de la justicia son superiores a los que se originan en la caridad”.
Khalil Gibran
A falta de justicia, se impone la caridad.
Migajas a las puertas del INEM, carentes de esperanza profesional en al gran saco de los parados, miles de personas, millones ya, reclaman un trabajo digno.
Todos los trabajos son dignos de por sí. Todos prevén normas de seguridad para evitar riesgos innecesarios a quienes los desempeñan. La indignidad surge de las relaciones personales al realizarlo.
Vivimos en una sociedad vendida al becerro de oro. Hemos llenado las casas de cosas, hasta tal punto, que casi ni cabemos en ellas. Nos hemos olvidado de la importancia de nosotros mismos. De esta carne experiencial en el tiempo. De la sublime riqueza que acumula cualquier ser humano por el mero hecho de existir día a día.
No es justo que para satisfacer la voraz avaricia de unos pocos, eternamente insaciables, una inmensa masa de población viva rozando los abismos de la miseria, donde se precipitan las esperanzas y la alegría de vivir.
Todo lo que no sea justicia, es caridad bienintencionada, en el mejor de los casos. Todos somos distintos pero con los mismos derechos, responsabilidades y obligaciones. El compromiso personal y social en el desempeño de nuestra profesión, el trato con quienes nos rodean, la curiosidad personal… son matices que aportamos cada quien, en mayor o menor medida, para generar sociedades más justas y menos caritativas.
El gran peligro de las sociedades caritativas es la necesidad de salvadores paternales, que asumen el rol de corruptores absolutos de los sistemas con chivos expiatorios.
La caridad en la tragedia no es suficiente, para que las sociedades sigan creciendo en justicia, si no va acompañada de una corrección de las causas que la provocaron y una creación real de nuevas expectativas para los que han sufrido la tragedia de quedarse en el paro. En el siglo XXI nuestra mente ha podido evolucionar hasta el punto de comprender que necesitamos de los mejores dones para salir de la gran crisis. Convengo con Khalil, que los mejores dones, los dones superiores, dimanan de la justicia.
Uno de la muga |