Rumanos, go home
por Antonio R. Naranjo

MARTES 19 DE ENERO DE 2010 A LAS 13:34 HORAS
Opinión > Política
 
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La aceptación de la inmigración nunca tuvo un estímulo ético, sino una base financiera: no significa que los principios no cuenten, sino que para asumirla y respetarla había suficientes datos económicos positivos sin necesidad de recurrir a ese territorio íntimo donde la formación, los mitos, las realidades, los impulsos, las vivencias y los estados de ánimo modulan una postura personal subjetiva y por tanto discutible.

 

 

Fue la riqueza la que trajo a los inmigrantes, que les necesitaba para recrearse y sostener el imparable binomio que conforman la oferta y la demanda con el empleo, la inversión y la producción. Y es la pobreza la que suscita ahora el recelo: antes no hubo afecto; y ahora sí hay temor. En ninguno de los casos es, salvo en lamentables excepciones, una reacción contra la raza o la religión, sino una respuesta primaria sustentada en la rivalidad ante la escasez: los leones no se pegan en el zoo cuando hay abundancia, pero son capaces de comerse a la camada ajena si padecen desabastecimiento.

 

 

Los inmigrantes, en fin, son otras víctimas de la crisis más, como lo son los españoles, y verlos como tales es la mejor manera de regular el termómetro emocional de un debate que confunde el fuego con el humo, alentado irresponsablemente en Vic y en Torrejón, pero larvado en un patético itinerario normativo en el que tanto el PP cuanto el PSOE han jugado públicamente con sentimientos y emociones mientras, en realidad, sólo gestionaban los bolsillos, aprobando leyes contradictorias cada poco tiempo para justificar la mera importación de mano de obra barata o la expulsión del excedente no votante.

 

 

Entre medias se han dicho demasiadas tonterías sobre el inexistente y tal vez innecesario multiculturalismo que, en el reverso de la moneda, alentaban tópicos sobre la delincuencia foránea o la usurpación de los servicios públicos, componiendo un paisaje falso en lo positivo y falaz en lo negativo que aloja en el subconsciente colectivo un catálogo de mitos ridículo: ni es factible la integración, si se entiende como tal la recreación de una sociedad nueva a corto plazo fruto de la mixtura de credos, razas y culturas; ni el precio a pagar por esa imposibilidad es el desvanecimiento de una idea de país, el incremento de la delincuencia o la imposición de una forma de vida ajena.

 

Todo lo que no sea aspirar a una convivencia pacífica, con intereses recíprocos y vasos comunicantes laborales y sociales a ritmo lento; no será más que una ensoñación interesada de pseudoprogresistas de moqueta y menú diario a la carta o, sensu contrario, una admonición mitólogica de aprendices de Le Pen.

 

 

El inmigrante vino a trabajar y se irá cuando carezca de trabajo. Y volverá de nuevo cuando acabe la recesión: es un mercado que se regula casi solo en el que la política ha de hacer un trabajo mínimo pero trascendente. Fijar unas reglas del juego razonables en lo legal y decentes en lo humano,  rehuir de la demagogia barata y apostar por la pedagogía social -sin eufemismos, con datos; sin lemas, con certezas- y, finalmente, garantizar la aplicación de todo ello de forma unitaria, sin dar obligaciones de más ni de menos a ayuntamientos o comunidades autónomas: a todos, sin excepción, les viene bien ahora señalar a un culpable externo, y el inmigrante es un tonto útil muy a mano.

 

Aunque en ese viaje se prescinda de la obviedad de que a algunos les sobran tanto los negros como los castellanohablantes o se pierda una estupenda oportunidad de explicar que los de afuera son entrañablemente similares a los de dentro: los hay que roban y deben estar en la cárcel o deportados (una pena no poder hacer lo mismo con los de aquí); los hay que sólo quieren trabajar y cubrir sus necesidades y los hay que, cuando no pueden hacer lo segundo y no quieren hacer lo primero, se marchan a Alemania o Suiza. Como nosotros.


Comentarios
LdF ni insigne ni académico ni filóloga cocoliso
jueves 28 de enero de 2010 a las 10:35 horas
Lamento la tardanza en explicarme. Cosas de mi compañía telefónica.
Primero decirle al "mayúsculo" Antonio, que el nombre de mi 'nick' no es nada literario. Es mucho más mundano, terrenal y poco imaginativo. Simplemente el de la calle en la que vivo, dedicada, por cierto, a un señor del que no se conocen muchos escritos. Pero sí: veo que aún le queda por ahí una pequeña espinita clavada, que tenía guardada por el muy español "arrieros somos...". Se agradecen los cariños. Póngame a los pies de su señora.
Luego, Naranjo-El Auténtico, no su álter ego británico, nos sorprende con una falta de cintura que últimamente saca mucho a relucir.
Es cierto que mi comentario puede interpretarse como "mala leche", cuando sólo pretendía ser una pequeña ironía. Los que venimos del Pleistoceno Superior, y que estudiamos el viejo Bachillerato franquista, siempre escribimos "entremedias", y recuerdo que el profesor nos decía que era algo similar a "intermedio". Luego, las lenguas van avanzando y hemos aprendido que fue, vio y dio, por ejemplo, ya no llevan tilde pues ahora las consideran monosílabas. Ahora también aprendemos que entremedias puede ir separado. Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Me pondré las orejas de burro, como hizo en su momento Sánchez Dragó, pero todavía uno sabe diferenciar lo que es un burdo error de una errata. Chocheo, pero no tanto.
Dulcifíquese usted, hombre, que últimamente anda un pelín crispado, y acepta muy mal casi todo lo que no sea un asentimiento sumiso a sus planteamientos, y a la línea informativa de "su" periódico.
Releerse, y leer a los demás, es un sano ejercicio de autocrítica.
Antonio R. Naranjo
jueves 21 de enero de 2010 a las 11:27 horas
Está interesante la cosa. Permítanme que, no obstante, responda al insigne académico, que patina por el hielo sin frenos. Efectivamente hay una errata, que no una falta, en la tilde: creo que cualquiera es capaz de distinguir la diferencia y de ver su limitada gravedad. Pero está mal, en todo caso, y bien corregida pues. Ocurre que se percibe algo de mala leche al querer presentarla como un síntoma de ignorancia o de 'nivel', sensación rematada por la gansada de presentar como otro ejemplo de ello la utilización del correctísimo 'entre medias'. En fin, que uno se equivoca y aprende como todo bicho viviente, pero no estaría de más que los profesores que le toquen tengan de verdad el 'nivel' ético y técnico del que presumen.
ANTONIO M.
jueves 21 de enero de 2010 a las 10:51 horas
Ya le decía yo Sr. Naranjo lo del "troll" (según él) y la tilde, además con nik de escritor, esta vez escondido bajo iniciales, disculpe mis faltas y que le copie su propio comentario:
"¡Joder!, qué vasta cultura "gastan" algunos por aquí"
No deja de sorprenderme que alquien que se dedica a intentar corregirnos (digo intentar, algunos somos "incorregibles"), utilice un lenguaje tan vulgar.
Un saludo.
pater
jueves 21 de enero de 2010 a las 10:19 horas
Ayer, cual ratón en ratonera murió atrapado un chaval esloveno inmigrante de 24 años mientras introducía su cuerpo para robar sopa usada en un contenedor. Enorme su delito intentar conseguir ropa para ponerse o para negociar con ella, para el caso da lo mismo. Enorme el delito, enorme el delincuente, se jugo lo más preciado que tenemos por cuatro duros. Hace dos meses un trabajador inmigrante sin contrato fue abandonado por el empresario panadero para el que trabajaba a las puertas de las urgencias de un hospital con un brazo colgando no es la primera vez que ocurre tampoco será la última. En el verano un chaval inmigrante murió apaleado en plena plaza de un pueblo del norte de Madrid a manos de una camada de fascistas, su delito ser pobre, débil y extranjero. En Alcalá vivimos algo parecido. En El Ejido, Almeria, un señor llega al poder local con un discurso xenófobo, consigue la alcaldía, ahora está detenido por corrupción. En el mismo pueblo media África y la América más pobre con y sin contrato con y sin papeles se afanan y dejan la salud envueltos en nubes de productos químicos para la fumigación bajo la artificial atmósfera de los inmensos metros de plásticos de invernaderos.
El que delinque a la cárcel señores o repatriado sí existen acuerdos recíprocos entre los países, pero vale ya de demagogia barata y discursos de algunos dirigentes y charlas de gentes corrientes en los corrillos en la Plaza de Cervantes que da vergüenza ajena oir. Como el wester “ Todo por un puñado de votos” aunque en algunos casos además, forma parte de su pensamiento más íntimo.
Dick Cheyney, Donald Rumsfeld y George Bush y sus aplaudidores que morirán en sus casas de viejos y aparecerán incluso en los libros de historia, son verdaderos genocidas entre otros muchos poderosos; banqueros, petroleros, fabricantes de armas, especuladores de alimentos y materias primas, a los que el sufrimiento humano y generalizado les trae al pairo, mientras sus balances empresariales y cuentas corrientes que nunca conocerían los números rojos vaya in crescendo. Que rico esta el oro negro de Irak, sin armas de destrucción masiva y si lo dominamos nosotros mucho más. Quien dijo guerra, llámalo todo por la pasta gansa; petróleo y reconstrucción. Enormes, por la justicia de sus métodos los grandes lobbys farmaceúticos y sus gripes que nos inundan con sus porquerías de campañas publicitarias de amedrentación para mayor enriquecimiento propio. Etc. Medio Mundo se muere en las calles carentes de todo. Que pretendemos, que algunos huyendo no intenten entrar en los oasis de los derechos. No queramos vivir en la ignorancia inconsciente y liberadora de pecados, estos son los verdaderos delincuentes, detrás de sus mesas y en sus enormes despachos, sin mancharse las manos producen más hambre, miseria, desesperación, y migraciones forzosas de la que nunca podamos imaginar.
pater también es inmigrante.
Alvaro
jueves 21 de enero de 2010 a las 02:19 horas
Para un señor de madrid: la población reclusa aquí y en cualquier país es mayoritariamente población de bajos recursos. Puesto que esta población está formada mayormente por inmigrantes es lógico que haya mas de ellos en las cárceles. Pero la causa de la delincuencia es la marginalidad y no la inmigración. Si todos los inmigrantes se fueran, un porcentaje de españoles ocuparía su lugar en la marginalidad y todo seguiría igual solo que con nombres españoles. También en las cárceles hay mas jóvenes que viejos ¿es la juventud la causa del delito?. Saludos de un inmigrante venido de otra provincia.
updown
miércoles 20 de enero de 2010 a las 23:56 horas
la filóloga cocoliso mil caras hacaba de acer su haparición. que nibelazo de hargumentación el suyo.
LdF
miércoles 20 de enero de 2010 a las 22:50 horas
"Entre medias" y "mitólogica", pero hasta el mejor escribano comete un borrón. Bueno, dos.
javier
miércoles 20 de enero de 2010 a las 22:10 horas
Entre medias, vaya nivel Sr. Naranjo.
Un señor de Madrid
miércoles 20 de enero de 2010 a las 20:09 horas
Tan sólo añado un dato, al hilo de algún comentario, para que sirva de reflexión. En cuanto al estado de nuestra justicia y nuestro sistema penitenciario; es más animo al señor Naranjo a que realice un artículo al respecto, personalmente considero que tiene miga. Es bien sabido que nuestro sistema judicial se encuentra saturado, pero aún más nuestro sistema penitenciario, sobre-saturado por extranjeros, ver boletines de población reclusa M.Justicia. Pero lo más sorprendente es que muchos internos reniegan de sus privilegios de acceso en grados de libertad, "traduzco salir a la calle" porque en la cárcel tienen un plato caliente y una cama donde dormir.
Señor Naranjo lo tiene usted muy cerca Alcalá-Meco sin ir más lejos.
Estafado
miércoles 20 de enero de 2010 a las 19:14 horas
¿Por qué no colocan a 57 inmigrantes en Moncloa o Zarzuela,como hay en pisitos de 26 metros cuadrados en Vic?¿Por qué no controlaron, como quieren hacer con los aéreos,a los bancos dando unas hipotecas desorbitadas,con unos intereses que han hecho tambalearse a todos?¿Por qué no controlan lo que hay que controlar?¿Por qué no prueban a poner en casas de los gobernantes a tantos inmigrantes sin empadronar? con sus gritos ,peleas,e irresponsabilidades?Yo pondría los jardines del rey y presidente y altísimos llenos de tiendas de campaña con tropecientos inmigrantes y a ver qué tal veían el problema.

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