El insólita vida de un libro (I)
por José Manuel Lucía Megías

MIÉRCOLES 27 DE ENERO DE 2010 A LAS 20:01 HORAS
Opinión > Cultura
 
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El pasado sábado comenzó en el Museo Casa Natal de Cervantes una nueva actividad que  pretende acercar a los alcalaínos y visitantes el contenido de sus salas de un modo divertido y ameno: las ‘Visitas temáticas’. Un sábado al mes, por espacio de media hora, el Museo se convierte en una máquina del tiempo que permitirá a los asistentes acercarse a los cuatro temas elegidos para este año: La insólita vida de un libro (que ya comenzó el año pasado), La vida de un genio, Las mujeres de la familia de Cervantes y Costumbres y gastronomía en los Siglos de Oro. Cuatro temas que harán posible revivir historias, anécdotas, costumbres y conocimientos de la época de Cervantes, de su vida y de su obra. Una nueva forma de dar a conocer nuestra propia historia alcalaína de la mano de uno de los museos más visitados de toda la Comunidad de Madrid. 


El ‘Quijote’ nació humilde y popular. La grandeza e importancia adquirida a lo largo de los siglos, esos que le han convertido en la ficción más influyente en nuestra cultura, dentro y fuera de los libros, no ha de hacernos olvidar su origen. El ‘Quijote’ nació para ser devorado por los escuderos en las antesalas de los grandes señores; libro en cuarto, libro de “faltriquera", de bolsillo; libro que debería hacer las delicias de los viajeros a lo largo y ancho de la cada vez más populosa Europa del siglo XVII.

 

En el Museo Casa Natal de Cervantes se conserva un ejemplar de la edición pirata impresa en Lisboa en 1605 por Jorge Rodríguez (uno de los impresores de libros de caballerías más habituales de su tiempo) para mostrarnos esta primera salida pública al éxito; un éxito que estaba llamado también a ser efímero, es decir, a seguir el guión prefijado de un best-seller: tirada abundante y reediciones continuas en sus primeros años de difusión, y luego, poco a poco, reediciones cada vez más espaciadas hasta llegar a ser sustituido por otra novedad, por otro best-seller que continuaría el mismo itinerario de éxito y de declive.

 

Pero el ‘Quijote’, los ‘Quijotes’ a partir de la continuación impresa en Madrid en 1615, tendrá su propio guión gracias al éxito que desde muy pronto gozó en Europa, ya que en España, hasta la llegada de los Borbones y los ilustrados alrededor de la Real Academia Española, no se le hace justicia como escritor a Cervantes y a su obra como referente literario, cultural e, incluso, moral.

 

Estamos hablando de la magna edición que terminó de imprimir Joaquín Ibarra en los últimos meses de 1780 y que comenzó su andadura en 1773: el Quijote de la Academia, con sus imponentes cuatro tomos, con espléndidas estampas, mejor papel y cuidada tipografía (realizada exprofeso para la edición), sin olvidar el estudio introductorio de Vicente de los Ríos y el cuidado filológico de su texto.

 

Pero este curioso itinerario que va de un “texto de entretenimiento" a una “sátira moral", a un libro digno de ser modelo de conducta al tiempo que fuente inagotable de pasatiempos y diversiones, de contar con una fábula que es digna de ser imitada y que pone las bases de la novela moderna, no se dará en tierras hispánicas. Este insólito salto que cambia por completo la interpretación de la obra cervantina se producirá en Inglaterra, y en una de las vitrinas del Museo Casa Natal de Cervantes está condensada en cuatro magníficos ejemplares de los siglos XVII y XVIII  esta historia.

 

El ‘Quijote’ fue traducido al inglés en 1612; la primera lengua a la que se tradujo el texto cervantino. Dos años después lo haría al francés. La traducción inglesa de Shelton se publicó en el mismo formato popular de la príncipe madrileña y sus reediciones, tanto legales como piratas: un ejemplar en cuarto.

 

Pero el ‘Quijote’ en inglés no se difundirá en las antesalas de los grandes señores, como sucedía en España, sino que entró desde muy pronto a los salones más aristocráticos y nobiliarios. Y así no extraña que al reeditarse en 1652 una edición conjunta de la traducción de Shelton de las dos partes, esta se hiciera en un formato folio, el formato no para llevar el libro en viajes o prestarlo a los amigos; sino el formato para contar con el libro en la biblioteca, el libro que adquiere ya una dimensión de autoridad. Y así sucederá con tantos novelistas ingleses, que verán en el ‘Quijote’un modelo de escritura. Y Cervantes, frente a lo que sucedía en España, será reconocido como un gran escritor desde el siglo XVII.

 

Por eso no extraña que la primera edición de lujo del ‘Quijote’ se publique en Londres, en el año 1738, a costa de Lord Carteret. Cuatro tomos en excelente edición con una clara intención: la de ofrecer una nueva intepretación de la obra cervantina como una sátira moral. Y para ofrecer esta nueva lectura no sólo basta incorporar el primer estudio sobre la obra y vida de Cervantes, firmada por el valenciano Mayans i Siscar, sino también un programa iconográfico de más de 60 estampas a partir de los diseños de John Vanderbank, uno de los pintores más importantes del Londres de aquellos años, que resalta aquellas aventuras donde los discursos de don Quijote sobresalen, dejando en un segundo plano las aventuras más escatológicas y cómicas, las que hacían las delicias de los lectores españoles y franceses de aquel momento.


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