ALONSO GUERRERO
Quién puede escribir poesía después de Auschwitz?, se preguntaba Adorno. Sin embargo, los poetas siguen intentando olvidar lo que ocurrió a 60 kilómetros de Cracovia. Se celebra la liberación de Auschwitz, pero también habría que recordar su fundación, hace casi 70 años, como consecuencia de un periodo, en la historia de Europa, caracterizado por una relajación bastante sesgada del pensamiento y un conformismo que permitió que surgiera una generación de verdugos, la Alemania nazi, tan sombríamente representada en el Mordor de Tolkien. Europa, hasta que no tuvo más remedio que reaccionar, pasó por alto el nacimiento de un espectro que, en aquellos momentos, no hizo más que exhibir un credo lleno de ideas políticamente correctas.
Cualquier educación, después de Auschwitz, tendría que combatir a Auschwitz. Sin embargo, todo en nuestra sociedad va al encuentro del conformismo, de la aceptación de lo inaceptable, del sacrificio de la persona al partido o al pensamiento único. Un enorme número de indicios empieza a evocar, no a repetir, insisto, el origen de Auschwitz: la falta de respuestas, una creciente política de lo oculto que nunca es reprobada y, si lo es, no tiene consecuencias, además de una economía que ya no separa clases, sino grados de libertad y, en el fondo, de humanidad. Se cumple aquella fatal consigna que aparecía en el dintel de Auschwitz-Birkenau: “El trabajo os hará libres".
La principal similitud entre la democracia de entonces y la actual, sin que ello suponga una sesión de espiritismo, la expuso Imre Kertész, uno de los escasos escritores supervivientes de Auschwitz: Vivimos en una sociedad en la que cualquiera puede ser sustituido en cualquier momento por cualquiera: una sociedad de sustitutos. Tal es el peligro de convertir las aulas en barracones, de ver la realidad como un reality: que pronto confundiremos el talento con las subvenciones, y al verdugo con la víctima. Si limamos todas las diferencias, necesitaremos algo más que las gafas de Avatar para ver nuestro futuro. Por tanto, no perdamos de vista la historia, antes de que alguien nos la cierre, igual que El Bulli.
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