Partamos de una premisa, subjetiva, pero con amplios seguidores: casi nadie, mínimanente informado, dice la verdad. O al menos publicita lo que piensa. Siguiente premisa: en esa categoría está la práctica totalidad del PSOE con respecto a Zapatero; la dirección de los sindicatos sobre el presidente del Gobierno, sobre su propio discurso y sobre la utilización de su fondo de comercio en la mayor parte de las negociaciones en la Administración. También los empresarios con la CEOE y con Díaz Ferrán y, si quieren territorializarlo, con la CEIM y con AEDHE, ese sucedáneo de la organización empresarial cuya voz se escucha tanto en la crisis como la de un mudo en un concierto de rock, no sea que se vayan a manchar el tutú y el mantel de encaje.
Pongan a medio PP sobre la otra mitad del PP, añadan a la miriada de ciudadanos que filosóficamente no entienden los derechos sanguíneos sobre los logros del sudor de la frente cuando contrastan la Monarquía con la República. Incorpore, o incorpórennos, a los medios de comunicación, que portamos verdades interesadas o mentiras verosímiles y miramos al otro como un rival en el banquete de carroña.

Welles fabulando sobre la invasión de la tierra
Completen con artistas sin discurso y discursos sin artistas, ganapanes con guitarra, juntaletras sin pluma, lameideas que ocupan el nicho vacante de intelectuales que o no existen o se esconden en madrigueras recónditas con el paraguas del miedo para esquivar la lluvia de la realidad.
Y terminen por los propios ciudadanos, que hay para todos, cobijados en la máxima de Víctor Hugo que consagra la complicidad entre el político mediocre y la sociedad de la que sale: no es un marciano amerizando en galaxia ajena; sino uno de nosotros, con genes similares y rutinas parecidas, que ostenta la condición de macho alfa en la manada de primates.
No está todo perdido. Las crisis demuestran siempre dos cosas: que la regeneración es compleja cuando al frente de la solución están los responsables del problema y que el fin de una era no equivale necesariamente a la frustración de una nueva. Siempre vuelve a amanecer: que el reparto sea deplorable, como decía Wilde, no significa que la tierra no sea un buen teatro. Para levantarse hay que caerse del todo: los resbalones no educan a la crisma.
Posdata. Mientras, es mejor asistir con una mezcla de pavor y diversión al espectáculo. Aguirre le ha puesto nombre, con el micrófono cerrado más sugerente desde los tiempos de Welles y ‘La Guerra de los Mundos’. |