En los años finales de la dictadura franquista se afirmaba rotundamente que los verdaderos editoriales de la prensa diaria estaban contenidos en las viñetas de sus humoristas. Reírse en España se convirtió en un arma cargada de futuro. Los humoristas se convirtieron en rebeldes protagonistas de una actualidad amordazada, tal vez porque su espíritu crítico rebosaba los constreñidos márgenes mentales y legales de los censores, sin que ellos casi nunca lo percibiesen. El país se llenó de goteras y comenzó a desbordase, mucho antes de la flebitis, la marcha verde y el equipo médico habitual. Sin lugar a dudas la revista pionera, heredera de La Ametralladora, fue La Codorniz, criada al regazo del Régimen, pero que terminaría saliéndose de madre, sufriendo multas y suspensiones. Hermano Lobo, Barrabás, El Papus, Por Favor, Muchas Gracias y El Jueves, fueron sus hermanas menores que consiguieron animar el cotarro de aquellos largos y pardos años del Otoño infinito del Patriarca. La lúcida síntesis de Chumy Chumez, Gila, Summers, Máximo, Ops, Cesc, Perich, Forges y Martínmorales, entre otros, se lograron filtrar también entre las páginas de los periódicos, consiguiendo que en muchas ocasiones en aquellos papelotes innanes de obligado incienso diario, apareciera un sabañón molesto y picoso para la autoridad competente. Resulta saludable evocar aquellos años y aquellas revistas, casi todas desaparecidas, a excepción de El Jueves que en los tiempos que corren aún se mantiene con gallardía en la cuerda floja, a pesar de tocar los borbones de vez en cuando. El recuerdo de aquellas risas ya lejanas en el tiempo, surge por la aparición casi simultánea de dos libros de humor gráfico que representan en el tiempo un antes y un después. La república y la democracia.
Las caricaturas republicanas de Bagaría José Esteban, con el rigor y la maestría que le caracterizan, ha preparado para la editorial Rey Lear, un bellísmo e interesante libro antológico sobre la labor del pintor Luis Bagaría en la faceta de caricaturista durante su intenso periodo artístico que desembocó en la esperanzadora Segunda República. La edición, exquisita en todos los sentidos, recoge innumerables muestras de aquel gran maestro que con increíble economía de trazos, en pura síntesis, certera y aguda, consiguió por primera vez alcanzar el contenido interior del personaje a través de la caricatura. La “silueta moral" como definía Borrás a sus dibujos. Unamuno afirmaba que Bagaría había creado una leyenda gráfica en su larga galería de personajes que quedaban interpretados originalmente y atrapados gráficamente para siempre. Intelectuales y políticos, unido a su genuino sentido del humor, se refleja generosamente en los dibujos que recogen las páginas de este volumen, enriquecido además con los testimonios directos de “sus" personajes. Juan Ramón Jiménez, Azorín, Baroja, Unamuno, Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Gómez de la Serna o Ignacio Zuloaga opinan sobre la labor certera de este artista genial que desde la libertad puso su mordacidad al servicio de una causa en la que creía firmemente como motor de regeneración de su país. Sus dibujos se fueron publicando en la revista España y periódicos como La Vanguardia y El Sol, hasta que la derrota de la República le condujera al exilio. Murió en La Habana el 26 de junio de 1940.
El Ilustralario de Malagón No conozco personalmente a José Rubio Malagón, pero he seguido con avidez su trayectoria desde que, hace ya bastantes años, lo descubriera en las páginas de este periódico. Su personal estilo siempre me ha evocado aquellos años del “boom" del humor gráfico, cuando Autopista de Perich, Los hombres y las moscas de Ops, Una biografía de Chumy Chumez, el Diario apócrifo de Máximo o El que parte y reparte de El Cubri, eran considerados por mi generación, como auténticos libros de culto. Me van a perdonar, pero aún sigo perteneciendo a ese gremio, creo que somos legión, que en un periódico me voy antes al chiste que al editorial. Por eso soy fans incondicional de Forges, El Roto, Máximo o Malagón; ellos me enseñan deleitando, con esa sonrisa que a veces se convierte en desgarro cuando terminamos de digerir dibujo y bocadillo. Tengo bastante manoseados dos álbumes de Malagón, Sin perdón y Sin pudor, casi diez años nos contemplan, están publicados en 2001 y sin embargo cada vez encuentro en ellos nuevos registros. De todos modos, si uno visita la página de Malagonadas en Internet descubrirá asombrado que las claves del humorista alcalaíno son infinitas, derramadas con abundacia por las páginas de las revistas Tiempo y El Jueves y por una serie de publicaciones de toda índole y condición. A la factura de un dibujo de línea tan limpia que parece inofensiva, se une la corrosiva fuerza de su mensaje que te deja noqueado durante unos instantes y meditabundo durante el resto del día. Se acaba de publicar Ilustralario que supone una revulsiva vuelta de tuerca a su trayectoria. Un librito de apenas 64 páginas, publicado por Blur Ediciones; aquí se nos muestra el Malagón más conceptual. La línea limpia a la que nos tiene acostumbrados, se torna en una colección de objetos cotidianos vueltos del revés para mostrarnos el lado más oscuro del terror que nos rodea. Surrealismo desgarrador que para sí hubieran querido Marcel Duchamp, Dalí o Magritte. Un urinario en el que parece haber caído una megaladilla con el rostro de Bush, un skin de cerebro atrofiado, la violencia de género con Robert Michum muy al fondo, el rostro de África con toda su sobrecogedora crueldad, o el simplista esquema de las minas antipersona, son algunas de las bofetadas que Malagón propina al tibio espectador desde el interior de este libro.
La recomendación: Leer imágenes Bagaría y Malagón muestran en estos dos libros el claro perfil de dos épocas lejanas en el tiempo, dos estilos diametralmente diferentes, pero que a modo de paréntesis, pueden servirnos para acotar la larga, abundante e interesantísima trayectoria del humor gráfico, desde la República hasta nuestros días. Toda una invitación para volver a leer imágenes y revisitar a aquellos filósofos del dibujo que han sabido explicar como nadie el tiempo que les tocó vivir. |