La caza
por Uno de la Redacción

VIERNES 12 DE FEBRERO DE 2010 A LAS 21:35 HORAS
Opinión > Política
 
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ANTONIO CAMPUZANO

 

Los cazadores van en mano en su estrategia cinegética. Se extienden por un vasto espacio, se separan unos metros los unos de los otros, adelantan a los perros de presa, y avanzan sin cesar hasta la finitud de esa superficie pensada de antemano.

 

El objetivo puede ser el conejo, genéricamente hablando. Es decir, que pueden salir cientos de conejos y ser igualmente abatidos. Ahora bien, salvo cacerías bien organizadas con sus reglamentos y ortodoxias, en las deficientes, si hace su aparición una paloma torcaz que en ese momento de aplicación del orden de combate y levanta el vuelo, esa paloma accidental es disparada con el mismo fervor que se alimentó en origen. Ya no se puede disimular por más tiempo.

 

Se está hablando, con la utilización quiza poco afortunada de la comparación literaria, de una cacería puramente política contra el juez Garzón con munición judicial, que en definitiva es laque mata. La gran batida es otra, va dirigida contra el gobierno de Rodríguez Zapatero, pero en este momento la atención está concentrada en el juez de Jaén.

 

Su pugna infatigable contra el terrorismo, sus desvelos incansables por procesar a un asesino objetivo como Augusto Pinochet, sus instrucciones discutibles en aquel gobierno de Felipe González en el caso Gal que tanto bien hicieron a la línea editorial del diario El Mundo, todo eso pertenece al pasado más inútil de la historia más borrable en beneficio de un presente jugoso y aprovechable.

 

Es el fin cercano de Garzón a manos designadas de cuatro nombres con curriculum perfectamente descriptible bordados en rojo ayer. Va ser verdad, que la última bala es la que te mata, aunque sea de pésima calidad y llena de óxido. Y a manos de los propios jueces. La judicatura, esa chimenea del Estado sobre la que no hay deshollinador capaz de sanear.

 

Si Garzón deja de subir las escalerillas de la Audiencia Nacional, si deja de presentarse en una vivienda de Elgóibar a las cuatro de la mañana, o impedir con un docuemnto con su firma que un réprobo criminal, aun ancianito, abandone Londres cuando le plazca, si todo eso sucede, quizá haya que pensar en buscar algún país donde las conciencias más íntimas tengan mejor cobijo que en éste, España.

 

Los derechos humanos penden del sombrero del juez Varela y de las gentes oscuras que se parapetan tras Manos Limpias y Falange en no se sabe qué versión. Ni siquiera Federico Trillo, consumado especialista en rematar frases,  acertaría con la expresión más adecuada.


Comentarios
Alucino vecino
lunes 15 de febrero de 2010 a las 17:23 horas
que defiendas a un juez impresentable y sectario, que solo se alimenta de su ego estelar, y que para empezar baila entre los poderes ejecutivos-pol'iticos y los judiciales, que deberian ser independientes... el ese dia no fue a clase
menos admiracion para quien merece muy poca
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