A nadie se le escapa la más que buena relación que mantienen el ministro de Fomento, José Blanco; y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Pero no es tan conocido lo mal que sienta esa sintonía personal e institucional, que no política, al líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez.
Seguramente muy pocos conocen que uno de los inductores de esa amistad es, agárrense, nada menos que Eduardo Zaplana, cuya confianza con Blanco también es grande. Y menos conocido aún es que, en el fondo de todo, subyacen los incipientes movimientos sucesorios en el PSOE para el caso, que no quieren ni pensar, de que Rajoy termine ganando a Zapatero unas Elecciones Generales.

Digamos que la mejorable relación entre Gómez y Blanco tiene entonces tres aristas: de un lado, la poca confianza electoral que el ex alcalde de Parla suscita en el todopoderoso número dos del PSOE. De otro, el posicionamiento postelectoral de las distintas familias socialistas, por si acaso, que sitúa al ministro de Fomento en un lado y a Gómez con Pajín en otro, con Aguirre avalando sutilmente a su amigo con una frase bien elocuente: “Blanco ha sido un descubrimiento. Sería un líder muy bueno de la oposición”.
Y finalmente, el propio futuro del PSM si se confirma otra derrota en 2011: Blanco, como Simancas, es de los que piensa que la única manera de volver a ganar en Madrid es reactivar a la militancia y concederle autonomía para lograr lealtad, y también considera que castigando a los madrileños para dañar a Aguirre sólo se consigue reforzar a la lideresa.
Sí, todo parece un complicado, pero en realidad es más sencillo: Blanco y Aguirre, llegado el caso, están muy dispuestos a matarse políticamente… pero lo harán a besos. Que es lo que cabe esperar de dirigentes serios capaces de actuar con responsabilidad institucional para disputarse lo que sea con la decencia exigible.
Esto es Topo, amigos. |