Otro de los artículos preferidos de la primera temporada de BrainStorm. Esta vez dedicado al mundo de los sueños. Espero que lo disfrutéis.
El sueño de la razón produce monstruos. Por lo menos eso es lo que debió pensar Wes Craven cuando en 1984 decidió crear una de las sagas más prolíficas y taquilleras de la historia del cine de terror; Pesadilla En Elm Street (A Nightmare on Elm Street. 1984). Con ella nació también un icono del terror de los 80 y emblema de una generación de teenagers aterrorizados; Freddy Krueger.
El invento de un enemigo inmortal que encarna y se nutre de todos nuestros temores no era nuevo, pero desde luego el hecho de que nos atacara precisamente durante el sueño, fue una idea que refrescó definitivamente el género, en aquellos días. Wes Craven supo donde asestarnos el golpe. Los sueños. ¿Qué sabemos de los sueños?
Siempre hemos oído hablar o teorizar acerca del significado y origen de los sueños. Por un lado Freud y sus acólitos argumentan que son el reflejo de traumas. Otros sostienen que se nutren de los acontecimientos recientes o en un sentido más místico, han desarrollado toda una simbología en torno al significado formal de los sueños.
Creo que nuestra mirada se debe centrar no en el origen, ni en la naturaleza de los sueños, si no en cómo nos afectan, cual es su efecto sobre la conducta y el equilibrio homeostático.
Durante el sueño REM experimentamos unas vivencias que, de no ser por la desconexión que se crea con el aparato sensomotor, no se diferenciarían de la realidad. En esta desconexión se inhibe por completo la liberación de ciertos neurotransmisores (norepinefrina, serotonina e histamina). Por esta razón, las neuronas motoras no resultan estimuladas por la actividad cerebral y los músculos del cuerpo no se mueven. Existen trastornos del sueño en los que no se da esta desconexión y el afectado comete los actos que esta soñando.
Si nos fijamos en los datos registrados por la poli-somnografía; la actividad cerebral, hormonal y las constantes se disparan durante el sueño. La sustancia encargada de proporcionar energía al cerebro, la glucosa, es consumida en mayor medida durante el sueño. Los neuro-transmisores y las secreciones hormonales, que tan profundos cambios causan en nuestra conciencia y estado de ánimo, también alcanzan su pico durante el sueño (hormona del crecimiento, hormonas sexuales, corticoides, etc.).
Todos estos datos indican que cuando una persona sueña, realmente: fisiológica y psicológicamente, esta viviendo esos sueños. Esto es lo realmente importante;
¿Cómo afectan los estados psico-fisiológicos resultantes de las experiencias oníricas en la conducta y toma de decisiones de la vigilia?
Desde un punto de vista farmacológico, sabemos que el estrés, la ira, el miedo y en general las emociones desbordadas, crean una respuesta fisiológica concreta, normalmente tóxica (entiendo tóxica como cantidad anormalmente alta de alguna sustancia capaz de causar cambios profundos en el sistema). En el estudio de las relaciones de pareja se ha demostrado que después de una discusión fuerte, una vez aparentemente calmados ambos cónyuges, su alteración química debida a su respuesta natural al estrés, permanecía alterada tras pasar horas. De esa manera resultaba relativamente fácil que estímulos inocuos, en condiciones normales, volvieran a desencadenar la contienda. Este efecto de percepción alterada o distorsión cognitiva transitoria es muy normal. Por esto no sería de extrañar que la respuesta químico-fisiológica desencadenada por los sueños durara hasta mucho después, incluso hasta la siguiente fase REM o hasta después de despertar. Por otro lado la respuesta psico-emocional a situaciones oníricas, también crea un clima emocional inconsciente que influye en la toma de decisiones y conducta.
Cuando nuestro hijo se despierta a media noche llorando desconsoladamente, aquejado por un mal sueño o una pesadilla, la angustia y el estado alterado que presenta son reales. Que la amenaza no lo sea es indiferente, da igual si es el coco o el mismísimo Freddy. De lo que nos ocupamos es de calmarle, de restablecer el orden en su conciencia. Los padres consumados sabréis que ésta no es siempre una labor fácil porque el miedo y la ansiedad producida durante ese mal sueño perduran. A este efecto del sueño sobre la vigilia lo he llamado residuo emocional post-somne. Este se compone de una parte fisiológica y otra psicológica y cada una de éstas en otras dos; consciente e inconsciente.
La parte psicológica consciente es la que se refiere al sueño relatado o al recuerdo que tenemos de lo soñado. La parte psicológica inconsciente hace referencia al clima emocional que permanece en nosotros después del sueño, pero del que no somos conscientes. La parte fisiológica consciente son todos los procesos físicos que tienen lugar durante y después del sueño: sudoración, respiración, llanto,...
La parte fisiológica inconsciente son todas las secreciones hormonales y procesos físicos internos de los que no podemos ser conscientes. Esta parte está íntimamente ligada al establecimiento del clima emocional.
Cuando crecemos, puede que al despertarnos de un mal sueño tengamos claro que solo es una pesadilla y creamos tener controlada la parte psicológica del residuo, aún así, no podremos controlar el flujo de hormonas segregado.
Incluso en el punto de ser plenamente conscientes de que los sueños sueños son. ¿Que pasa el día que soñamos con algún ser querido fallecido, por ejemplo? Nos sentimos tristes. Este hecho influirá decisivamente en nuestra conducta y pensamientos durante el día.
Aunque todavía no se ha investigado específicamente esta cuestión, la vox populi a dado cuenta de este residuo emocional, desde mucho antes de que se estableciese una ciencia del sueño, con frases como: Levantarse con el pie izquierdo. Expresiones que dan nombre a un clima emocional que preside subrepticiamente nuestro día, nuestras acciones y sentimientos.
Bajo mi punto de vista, la importancia de los sueños no reside en el significado formal per se, sino en la vivencia a todos los niveles de éste, por parte del individuo. El cómo afecta este sueño concreto a este individuo concreto. La simbología se derrumba una vez traspasadas las barreras culturales o incluso individuales. En mi opinión la investigación psicoanalítica puede intentar explicar porque uno sueña lo que sueña, pero el hecho es que soñamos y saber el porqué no va a cambiar los efectos que el sueño tenga sobre nuestro sistema. Sin embargo, estudiar los efectos de los sueños en el comportamiento y la conducta puede ayudarnos a comprender el porqué de muchas decisiones aparentemente inconscientes. Buenas noches.
Tira del hilo:
‘Biopsicología’ John P.J. Pinel
‘Redes 425 - Las pesadillas no son sueños’
‘Pesadilla En Elm Street’ Wes Craven. 1984
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