La salida de Güemes ha desatado una ristra de especulaciones de toda laya, tan generosa como ficticia, que El Topo analiza ahora con precisión tras husmear en todas las madrigueras de la Puerta del Sol y aledaños. Vayamos con las teorías, una a una, con su correspondiente dictamen de este cuadrúpedo con ganas de marcha.
1.- Güemes no se va por un ofertón, sino por desavenencias con Aguirre. Falso. Hasta una semana antes de su dimisión, el consejero de Sanidad trabajaba con la brújula puesta en las próximas Elecciones. Es verdad que a Güemes se le tenía por un político con agenda propia, esto es, con sus contactos en Génova, sus conexiones con Cajamadrid y su perfil más allá de Sol: pero no lo es menos que se le valoraba, y mucho, por ser uno de los pocos con arrojo y disposición a dar siempre la cara por su propio Gobierno. Otros se escondían, dejando todo el marrón para Aguirre o especialmente González; pero no era el caso de Güemes.
2.- La salida del consejero 'frustra' una remodelación mayor. Verdadero. Desde el pasado verano se daba por segura la salida de algunos consejeros y la llegada de otros. Incluso se puso un nombre sobre la mesa para sustituir a Ignacio González si éste se iba a presidir Cajamadrid: Beteta era el elegido, según todos los indicios. La marcha de Güemes casi agota el 'bono de crisis' de Aguirre, que si pensó en cambiar de cromos probablemente lo haya desechado ya: los Granados y cía llegarán a la próxima cita electoral; y los Pizarro y compañía tendrán que esperar otra oportunidad... salvo sorpresa que pocos esperan.

3.- Hay divisiones en el Gobierno regional. Falso. Como en todas las casas, hay quienes se llevan muy bien -González y Engracia Hidalgo o Isabel Mariño-; quienes no tanto pero conviven -González y Granados-; quienes caen bien a casi todos -Lasquetty-, quienes tocan la zona nasal a casi todos -Beteta- y quienes ni fú ni fa, caso de Lucía Figar.
4.- Güemes se acerca a Génova alejándose de Sol. Falso. El consejero tiene una espléndida relación con Rato y, en la crisis de Cajamadrid, ha cerrado algunas heridas con la intendencia popular... pero de ahí a 'vender' un giro copernicano en su estatus media un abismo. Su lealtad a Sol, en ese sentido, es y será total. Otra cosa es que en el PP, madrileño y nacional, haya alianzas, amistades y enemistades que suben o bajan de intensidad periódicamente: ahora Aguirre y Cospedal están a partir un piñón, por ejemplo; quizá tanto como Mato y Arenas... ¿contra ellas dos?
5.- Los cambios arrastrados por la salida de Güemes son los esperados. A medias. Que sea Lasquetty el elegido para sustituir a Güemes tiene toda la lógica: Aguirre necesita a alguien de su máxima confianza en una cartera tan caliente como la de Sanidad, y el nuevo consejero cumple ese requisito desde hace 12 años. Es lo suficientemente leal a la presidenta como para distanciarse si es preciso de su mentor, José María Aznar, con quien llegó a la secretaría general de FAES. Ahora es un aguirrista convencido y firme que, sin voces de más, hará lo que se espera de él: en ese sentido, la presidenta ha perdido un estilete como Güemes para ganar en tranquilidad con su viejo colaborador. La asunción de Inmigración por parte de Paloma Adrados es coherente con las carteras que ya ostentaba y no tiene, por tanto, grandes lecturas: era lo suyo, y así se ha hecho. Más miga tiene el nombramiento de Lucía Figar como portavoz del PP madrileño. Es, tal vez, la designación que menos se ha entendido en una parte del PP, que no la veían ni siquiera como consejera de Educación por una única razón: siempre, dice, se pone de perfil para esquivar cualquier polémica, dejando que sean otros quienes se desgasten. Su buena imagen explica, tal vez, la elección de Aguirre: al no estar nada desgastada, puede empezar de cero... a desgastarse.
Es es Topo, amigos. O no, que me queda una pregunta: Y Gallardón, ¿qué piensa de esto? |