En busca del agua perdida
por Ismael Labrador

LUNES 22 DE MARZO DE 2010 A LAS 13:56 HORAS
Opinión > Ciencia
 
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El agua es la pista. Durante décadas ésa ha sido la pauta que la astrobiología ha seguido en su afán por localizar vida más allá de la Tierra. Y la búsqueda ha deparado grandes sorpresas. La primera, que la presencia de agua en esta líquido en otros cuerpos del Sistema Solar no es algo tan extraño como pudiera parecer en un principio. La clave para el desarrollo de la vida en nuestro planeta ha sido precisamente ésa, la capacidad de sostener durante grandes períodos de tiempo las condiciones climáticas propicias para que el agua se mantenga en estado líquido. La distancia de la Tierra al Sol (149 millones de kilómetros) ha sido una ventaja, ya que nos ha permitido recibir una cantidad de energía óptima para ello.

Esa primera pista nos llevó a Venus, el planeta más cercano a la Tierra, con el que compartimos unas características geológicas similares. Las densas nubes que conforman su atmósfera nos dificultaban la observación desde casa, así que hubo que mandar sondas que atravesaran su espeso manto hasta alcanzar la superficie. ¿Sería posible encontrar lagos de agua en ella? La respuesta fue negativa. Venus está sumido en un efecto invernadero perpetuo que sitúa su temperatura y presión en condiciones que impiden la acumulación de lagos de agua.

Siguiente paso: Marte. Las numerosas misiones y robots no tripulados que hemos desplegado por el planeta rojo han despejado el debate. Marte tuvo agua en el pasado. La clave ahora es sabe si sigue albergándola, ya sea en forma de hielo o de acuíferos subterráneos. Y si, de la misma manera que ríos de agua corrieron por su superficie hace millones de años, también lo hizo algún tipo de organismo vivo. En Marte puede estar una de las grandes claves para desvelar dónde hay vida más allá de la Tierra. Aunque, teniendo en cuenta la pista del agua líquida, quizás la pregunta que haya que hacerse es dónde no la hay, ya que incluso en parajes aparentemente inhóspitos, como puedan ser las lunas de Júpiter o Saturno, hay indicios suficientes como para pensar en la posibilidad de que la vida haya encontrado un cómodo refugio allí.

Júpiter se encuentra a 750 millones de kilómetros del Sol. A esta distancia, la energía que recibe de la estrella no es suficiente para mantener el agua en estado líquido. Pero no todo es cuestión de temperatura. En Europa, una de sus lunas, se estima que existe un gigantesco océano. ¿Cómo es posible cuando el termómetro apenas sube de 148 grados negativos? La superficie de Europa está cubierta de hielo, pero no es uniforme, sino que se encuentra salpicada de grietas y fisuras. Es probable que las fuerzas de marea que genera la gravedad de Júpiter sobre su luna permitan que, bajo ese manto helado, el agua fluya en estado líquido. Así se explicaría la formación de estas grietas, fruto de las corrientes oceánicas que se moverían bajo la superficie europea.

Otro caso similar lo encontramos aún más lejos, a unos 1.400 millones de kilómetros del Sol, en Encélado, cuya distancia orbital con respecto a Saturno le provee la energía necesaria para elevar su temperatura, de la misma manera que le sucede a Europa con Júpiter. La superficie de Encélado también está congelada, aunque recientemente se han hallado indicios de la presencia de agua líquida. A falta de calor procedente del Sol, la energía producida por la actividad geológica de estos astros podría ser suficiente para encender la chispa de la vida en sus océanos subterráneos.

El agua proporciona un medio idóneo para la movilidad y el intercambio de nutrientes y moléculas, aspectos fundamentales para el desarrollo y posterior evolución de la vida. Pero, ¿y si la ésta no se hubiera iniciado en el agua? Es una opción a tener en cuenta. En Titán, la mayor de las lunas de Saturno, también hay lagos de material líquido. Pero no es agua, sino metano. Curiosamente, las condiciones que presenta este satélite son similares a las que experimentaba la Tierra hace cuatro mil millones de años, poco antes de que la vida hiciera acto de presencia en ella. No somos tan especiales como nos creemos. Echando un vistazo a nuestro vecindario nos encontramos con que el agua está presente en él de una manera mucho más intensa a como creíamos hace apenas unas décadas. Aún no sabemos si esa agua fue, es o será precursora de la vida. Pero lo que sí sabemos es que, en nuestro planeta, si no valoramos y cuidamos la nuestra, estamos abocados a la desaparición.


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AES ALCALA aesalcala@hotmail.com
miércoles 24 de marzo de 2010 a las 00:12 horas
www.aesalcala.es
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