“Sé todos los cuentos” León Felipe. (Tábara, Zamora 1884- Méjico 1968)
“Yo no sé muchas cosas, es verdad Digo tan sólo lo que he visto. Y he visto: que la cuna del hombre la mecen con cuentos… Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos… Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos… Que los huesos del hombre los entierran con cuentos… Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos. Yo no sé muchas cosas es verdad. Pero me han dormido con todos los cuentos… Y sé todos los cuentos.”
Hace ya muchos años, mientras conducía por la ciudad, mi hija con un lustro largo cumplido, poco después de rompérsele el encanto de los reyes magos, me preguntó a bocajarro y por la espalda desde el asiento de atrás:
“¿Papá. Dios existe?”
Se me bloquearon las neuronas. El silencio perduró unos cuantos metros en el atasco de la hora punta. Y ella insistió.
“Es que la abuela dice que sí. Y me hace rezar siempre que estoy con ella. Y tú dices que no. Que es otra historia como la de los reyes magos. Y en la escuela unos dicen que sí y otros que no. Y ya no sé qué creer, ni a quién hacer caso.”
Sabía que esperaba respuesta clara. Por un lado deseaba que respetara las creencias ajenas, que no los tuviera por ingenuos o tontos. Por otro debía ser sincero y coherente con mi pensamiento. Terrible contradicción.
Opté por una respuesta salomónica. Le expliqué que existía en la mente de todos los que creían en Dios. Incluso había personas que entregaban su vida a Dios y a la iglesia. Todos sus actos eran dirigidos por el dios al que adoraban. Sin embargo en mi mente consideraba que la Biblia es una gran obra literaria como la Odisea o la Ilíada, o el Quijote. No necesitaba que ningún dios me dijera que es conveniente respetar y ayudar en lo posible, a los semejantes, para hacerlo.
Quedó satisfecha con la respuesta a juzgar por la repregunta en afirmativo.
“Entonces también puedo ser buena aunque piense como tú”.
¿Tú crees que yo soy bueno?
“Claro. El mejor papá del mundo” respondió desparramándose en su asiento y lanzando su mirada al paisaje.
Se hizo el silencio de nuevo pero es una pregunta que me he hecho muchas veces desde entonces. Reafirmándome en la capacidad creativa de la mente humana.
Una serie de sucesos ocurridos hace unos días en el ámbito familiar, dignos de Bécquer para una de sus leyendas, me ha hecho conjeturar, plantearme y replantearme las eternas cuestiones, hasta llegar a la conclusión provisional, abierta a matices, que los dioses son una invención tan humana como el lenguaje, el amor y todas las ciencias abrazadas y aplicadas.
Pocos consideran diosa a Ishtar aunque se realicen romerías al Rocío a pie, en caballo o en carreta a tocar el manto de la Virgen. Los dioses existen mientras los alimenten sus fieles con sus proyecciones. Tal vez por eso haya tantos dioses. En los dioses depositamos nuestras esperanzas, nuestras conquistas de armonía, nuestra ciencia, nuestro sufrimiento, nuestras carencias, nuestras ambiciones, nuestros placeres… nuestra autoridad moral.
Puesto a creer, creo en el hombre que es capaz de crear un dios sereno, generoso, respetuoso con lo distinto, fuente de armonías… con sus pensamientos y actos. Creo en los seres que aman y crean con todas sus miserias. Creo en la gran creatividad de los seres humanos.
Creo que es importante, muy importante tener mucha seriedad con los dioses que creamos, por los que nos creemos en posesión de la Verdad suprema. Y algunos… se toman el derecho a todo. Incluido el escarnio del infiel.
Y sin embargo, la tierra será un paraíso el día en que toda la humanidad adquiera respeto por la vida ajena tanto como por la propia y genere un Dios con lo común para toda la Tierra.
Las violencias pasarán a la memoria literaria y todos vivirán en armonía.
No lo verán mis ojos.
Pero así será en un futuro o el futuro no será.
Y Dios morirá definitivamente con toda la humanidad.
Uno de la muga. |