La homeopatía no es medicina
por Ismael Labrador

LUNES 5 DE ABRIL DE 2010 A LAS 13:23 HORAS
Opinión > Ciencia
 
Bookmark and Share

El titular de este post lo resume de manera clara: la homeopatía no forma parte de la medicina, no está probada su eficacia clínicamente y no hay ningún indicio que relacione los principios activos de sus compuestos con resultado terapéutico alguno, más allá del efecto placebo. A pesar de ello, no son pocos los esfuerzos y presiones que están recibiendo instituciones públicas –entre ellas universidades de cierto prestigio- para que esta rama pseudocientífica sea considerada como una disciplina médica más, al mismo nivel que la odontología, la cirugía ocular o la pediatría, por citar algunos casos. El pasado 28 de septiembre la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados dio un paso adelante para insitucionalizar esta práctica, abriendo así la puerta a que otras pseudociencias no probadas –y que de hecho se niegan a adoptar los métodos de ensayo clínicos que han revolucionado la medicina en los últimos cien años- aprovechen la ignorancia científica de la clase política para colar sus doctrinas en los resortes oficiales. ¿Se imaginan por ejemplo una carrera universitaria para formar chamanes o astrólogos? ¿Qué les parecería que Paco Porras, que en una consulta llegó a pronosticarle a un paciente sano –que en realidad era un periodista que acudía con cámara oculta perfectamente sano- un “cáncer con forma de lechuza”, terminara siendo catedrático de medicina? Suena a disparate, pero en la práctica la decisión que adoptó la citada Comisión hace siete meses dista poco de ello.

 

Por eso, Círculo Escéptico ha redactado una carta dirigida a la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados para que replantee su intención y “realice una evaluación completa y adecuada de la evidencia existente o no en favor de la eficacia terapéutica de la homeopatía, contando con el criterio de instituciones, asociaciones y entidades científicas de ámbito nacional e internacional y reconocido prestigio”. El contenido de dicha carta es el siguiente:

 

“El pasado 28 de septiembre, la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley mediante la cual se insta al Gobierno para que adopte las medidas oportunas para que la homeopatía se realice exclusivamente por licenciados en medicina y cirugía. La proposición insta igualmente a que los medicamentos homeopáticos con indicación terapéutica se dispensen en las oficinas de farmacia. Solicitamos, con el presente escrito, que se reconsidere dicha proposición, teniendo en cuenta que la homeopatía no ha demostrado su efectividad.

 

El pasado 28 de septiembre, la Comisión de Sanidad del Congreso de los Diputados aprobó una proposición no de ley mediante la cual se insta al Gobierno para que adopte las medidas oportunas para que la homeopatía se realice exclusivamente por licenciados en medicina y cirugía. La proposición insta igualmente a que los medicamentos homeopáticos con indicación terapéutica se dispensen en las oficinas de farmacia.

Dejando a un lado sus componentes puramente místicos, como la consideración de la enfermedad como un "desequilibrio" de una imaginaria "fuerza vital", la homeopatía se basa en dos principios fundamentales, el de la curación por los similares ("similia similibus curantur") y el de la dilución infinitesimal como forma de potenciar estos supuestos efectos curativos. Ambos principios carecen de fundamento alguno. No existe ninguna evidencia química, física o biológica que permita afirmar como regla general que "lo similar cura a lo similar", máxime cuando esta supuesta similitud, clave de la homeopatía, no pasa de ser una mera apariencia. Así, por ejemplo, la abeja común se emplea como base para preparar un remedio contra la fiebre, las hinchazones o los dolores agudos ("apis mellifica") sencillamente porque la picadura de este insecto provoca esos síntomas, pero sin tener en cuenta que en la mayoría de los casos tendrán su causa en patologías completamente distintas. Otro extremo aún más estrafalario, pero perfectamente coherente con los principios de la homeopatía, es el uso de fragmentos procedentes del Muro de Berlín para la elaboración de un remedio contra "la sensación de opresión sentida desde la niñez" o "la sensación de no poder escapar de algún sitio". Se trata, en definitiva, de echarle imaginación a la hora de encontrar parecidos entre los síntomas causados por una sustancia y los que presenta el paciente, sin tener en cuenta la verdadera patología de éste.

Por su parte, el principio de la dilución infinitesimal es igualmente absurdo. Para la homeopatía, cuanto mayor sea la dilución de una sustancia más potente será su efecto curativo (pero no sus eventuales efectos adversos), hasta el punto de que existen en el mercado diluciones homeopáticas en las cuales ya no queda ni una sola molécula de la preparación inicial. Por poner un ejemplo típico, para la preparación de "Árnica 30C" se parte de una tintura a base de agua de la que se diluye una parte en noventa y nueve de agua; se obtiene una porción de esa mezcla y se vuelve a diluir en otras noventa y nueve de agua, y así hasta treinta veces. Sin embargo, en diluciones mayores de 12C ya no queda ni una sola molécula de la tintura original, y la posibilidad de encontrar una molécula de árnica en el preparado a 30C es menor que la de ganar el pleno de la lotería primitiva cinco veces seguidas.

Ante estos hechos, la única justificación que esgrimen los partidarios de la homeopatía es que "funciona". Sin embargo, en sus dos siglos de existencia la homeopatía no ha demostrado tener eficacia curativa. Es cierto que algunos estudios clínicos y, sobre todo, las valoraciones subjetivas de los practicantes y pacientes, parecen avalar la efectividad de esta terapia. Sin embargo, cuando se realizan controles y ensayos rigurosos esa supuesta efectividad desaparece, y la homeopatía obtiene los mismos resultados que cualquier otro placebo.

Compartimos las buenas intenciones de la Comisión de Sanidad, pero creemos que sus argumentos son erróneos. Es cierto que la homeopatía goza de una cierta popularidad, pero también la tienen la astrología, el tarot o la creencia en el mal de ojo, a pesar de lo cual estamos seguros de que Sus Señorías no considerarían necesario ni conveniente otorgarles el respaldo de la Comisión. Por otra parte, también es cierto que la práctica de la homeopatía lleva a menudo a diagnósticos erróneos o a la sustitución de tratamientos médicos reales por otros totalmente ineficaces; sin embargo, este problema no se debe a la formación de quienes la practican, sino a la propia homeopatía, con sus concepciones absurdas de la enfermedad y su tratamiento. Por lo tanto, difícilmente puede solucionarse este problema confiando el ejercicio de la homeopatía a los médicos, porque estos también tendrán que partir de esas concepciones absurdas, y porque los tratamientos homeopáticos seguirán siendo igual de ineficaces los prescriba quien los prescriba. Por el contrario, la solución adoptada puede ser incluso contraproducente, al dar una apariencia de respetabilidad científica a lo que no es más que una creencia sin fundamento real alguno.

Por último, consideramos que la solicitud para que la venta de productos homeopáticos con indicación terapéutica se reserve a las farmacias es de escasa o nula trascendencia práctica. La Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos y la Directiva Europea 2001/83/CE (modificada por la Directiva 2004/27/CE) reserva esta calificación para aquellos productos homeopáticos que se sometan al régimen general de autorización de los medicamentos, que incluye la necesaria acreditación de su eficacia terapéutica. No es extraño, por tanto, que los fabricantes homeopáticos prefieran acogerse al régimen de registro simplificado para los productos homeopáticos sin indicación terapéutica aprobada, que les exime de demostrar que realmente sirvan para algo. Por otro lado, actualmente el mercado homeopático opera en su mayoría al margen de la legislación vigente, y muchos productos se venden sin cumplir los requisitos establecidos por la Ley o incluso por el ya derogado Real Decreto 2208/1994, lo que ha dado lugar incluso a la retirada del mercado de algunos productos a causa de alertas sanitarias por efectos adversos.

Coincidiendo con la aprobación de la proposición no de ley en nuestra Comisión de Sanidad, la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico acometió la evaluación de las evidencias existentes a favor de la efectividad de la homeopatía. En el curso de los trabajos, las organizaciones científicas, médicas y farmacéuticas británicas manifestaron unánimemente que no existían evidencias sólidas que permitieran suponer que la homeopatía sea realmente efectiva. En el mismo sentido se pronunció incluso el representante de la firma Boots, la primera cadena de farmacia y parafarmacia del Reino Unido y el principal vendedor de productos homeopáticos del país. Creemos que es un camino mucho más lógico y coherente con la función parlamentaria de velar por el bienestar y la salud de los ciudadanos, que exige evaluar la efectividad de una terapia con carácter previo a darle ningún tipo de apoyo explícito o implícito, y plasmar en la acción política y legislativa los resultados de esa evaluación, por impopulares que pudieran resultar.

Por todo ello

SOLICITAMOS A LA COMISIÓN DE SANIDAD DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS:

1.- Que reconsidere la proposición no de Ley aprobada el 29 de septiembre de 2009, por la cual insta al Gobierno a que adopte las medidas necesarias para que el ejercicio de la homeopatía se realice exclusivamente por licenciados en medicina y cirugía, acordando la retirada de la misma hasta tanto no obtenga constancia suficiente de la eficacia terapéutica de la misma.

2.- Que realice una evaluación completa y adecuada de la evidencia existente o no en favor de la eficacia terapéutica de la homeopatía, contando con el criterio de instituciones, asociaciones y entidades científicas de ámbito nacional e internacional y reconocido prestigio.

3.- Que en el caso de que los resultados de dicha evaluación sean negativos, proponga las modificaciones legislativas e inste las actuaciones políticas necesarias para informar de los mismos a los ciudadanos, así como para proteger su legítimo derecho a una atención médica y sanitaria de calidad y basada en principios científicos de probada validez.

4.- Que inste a los órganos competentes del Ministerio de Sanidad, y en especial a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, para que en cumplimiento de la legislación vigente extreme la vigilancia sobre el mercado de productos homeopáticos, retirando aquellos que no cumplan con los requisitos de autorización, indicaciones o ausencia de las mismas, composición, etiquetado y cualesquiera otras legal y reglamentariamente establecidas”.


Comentarios

ENVÍA TU OPINIÓN
 
Nombre y Apellidos Correo Electrónico (*) Clave Publicación (*)
Comentario:

Imagen de Verificación:
Escriba el Código:

* Campos Opcionales
 

OPINIONES de Ismael Labrador

La ignorancia electromagnética (22/febrero/2012)
Sanidad lo confirma: la homeopatía ni cura ni nada (23/diciembre/2011)
Marcoule y la amenaza (nuclear) fantasma (12/septiembre/2011)
Sobre el diseño inteligente y su amenaza en las aulas (30/agosto/2011)
Leire Pajín abre la puerta a las timoterapias (14/julio/2011)
Los móviles provocan cáncer... ¡y los pepinillos también! ( 1/junio/2011)
De Cristóbal Colón a Yuri Gagarin: los tomates y el código de barras (13/abril/2011)
Fukushima y el debate nuclear (15/marzo/2011)
La abuela de El Cordobés habla inglés (11/marzo/2011)
Timoterapias de moda (23/diciembre/2010)