PEDRO P. HINOJOS
Desde hace mucho tiempo está en el grupo de cabeza de la lista de los personajes con más posibilidades de morirse en los próximos diez años, pronóstico que va dejando en evidencia década tras década. El hombre que declaró que nunca había tenido problemas con las drogas sino con la policía; que se partió la cabeza al caerse de un cocotero en Fiyi por imitar al eslabón perdido fumado; que dio vida al progenitor de Jack Sparrow en la última entrega de Piratas del Caribe, o que aseguró haber esnifado las cenizas de su padre, por mencionar sólo los últimos excesos y delirios que ha protagonizado, es mucho más que un millonario superviviente.
Sí, Keith Richards, el alma de los Rolling Stones sin permiso de Mick Jagger, el guitarrista más grande de la historia, según no pocos críticos, el fumeta más genial del circo del rock y el sagitario que cumple años el mismo día que un servidor, es un perfecto desconocido. El próximo octubre verá la luz una autobiografía que promete muchas más sorpresas que los detalles divertidos o sórdidos de una formidable vida arrastrada. Por ejemplo, resulta que el rockero del brazo encogido es un lector empedernido y un amante incondicional de los libros. Posee dos bibliotecas inmensas, una en Sussex y otra en Connecticut, ha reunido colecciones únicas sobre la evolución del rock y sobre la Segunda Guerra Mundial y le apasiona la novela histórica. Quién lo iba a decir. Aunque él mismo dio una buena pista hace algunos años en una entrevista, al rememorar su infancia: “Cuando estás creciendo, existen dos instituciones que te afectan poderosamente: la iglesia, que le pertenece a Dios; y la biblioteca pública, que te pertenece a ti. La biblioteca pública es un gran ecualizador".
Va a resultar, por tanto, que no había inhalado nada cuando soltó esa aguda reflexión. Y que ya no será el mismo canalla inmortal ante la masa. Tras los ojos pintados, el pelo frito y el careto ajado de sioux, se descubre ahora ni más ni menos que a un anciano bibliotecario. |