Nuestras metas, nuestras esperanzas y nuestros miedos residen en el futuro. Psicológicamente el futuro es una fábula, no existe a no ser como una proyección de la mente. En este sentido, el futuro que imaginamos hasta nuestra propia muerte no difiere mucho del futuro trascendental. El futuro trascendental es el que ocurre después de la muerte, ese futuro del alma del que hablan las distintas religiones en el que esperan recibir salvación los creyentes y retribución los terroristas suicidas. No importa el hecho de si es real o no. Importa como influye su creencia en los actos que realizamos en el presente.
Cada uno de nosotros tenemos una orientación temporal característica. Esto es hacia donde miramos en nuestro día a día. Podemos ser personas muy orientadas al futuro: Planificadoras, estudiosas, normalmente de relativo éxito profesional. Suelen ser personas muy valoradas en su trabajo. Por el contrario este tipo de orientación al futuro suele ir acompañada de estrés, adicción al trabajo y una imposibilidad de flujo en el presente; son incapaces de disfrutar plenamente de lo que les brinda el presente porque no pueden dejar de pensar en el futuro. En el otro extremo de la balanza estarían las personas con una orientación presente hedonista extrema. Personas a las que les gusta el riesgo, la sorpresa, nunca planifican nada y son incapaces de ahorrar un céntimo. Son muy buenos amantes, muy pasionales. Suelen ser el centro de atención de fiestas y reuniones, gusta tenerlos cerca ya que derrochan alegría, inmersos en un eterno presente lejos de preocupaciones que les distraigan del aquí y ahora. La orientación temporal no sólo se manifiesta desde una edad muy temprana, si no que predice asombrosamente el desarrollo de rasgos fundamentales de la futura personalidad adulta. Un experimento muy conocido llevado a cabo por Walter Mischel en Stanford, llamado el experimento de los Marshmallows (nombre americano de la golosina que nosotros conocemos como nubes), demostró que los niños capaces de diferir la gratificación, a edad temprana, se convirtieron años después en jóvenes con gran capacidad de autocontrol, dominio de sus emociones, socialmente más activos y con mejor rendimiento académico. En palabras de Daniel Goleman, éste es un componente vital de la inteligencia emocional. Aprender a diferir la gratificación puede significar la diferencia entre el equilibrio psicológico y el sufrimiento innecesario en nuestra vida.
Otro tipo de orientación temporal es la perspectiva pasada. Ésta es radicalmente diferente de las dos anteriores ya que las personas orientadas al pasado pueden variar en función de la historia e interpretación de los sucesos de su vida. Según esta distinción podemos tender a pasado positivo o a pasado negativo. Pasado positivo significa dar valor a los acontecimientos pasados, a la tradición, a la familia. El pasado negativo, en cambio, enturbia nuestra percepción de los acontecimientos y normalmente está asociado a una perspectiva presente fatalista. Como rezaba el eslogan del Ministerio de la Verdad en '1984': "Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado". Esta afirmación llevada al terreno personal es perfectamente efectiva y útil, ya que sólo desde el presente podemos darle un significado a los acontecimientos pasados. De manera que está en nuestra mano elegir como nos afecta el pasado y de qué forma nos predispone para afrontar el presente. Las personas que sufren depresión experimentan el férreo control del pasado sobre sus vidas. Creen que debido a los hechos negativos que han vivido nada pueden hacer para cambiar el destino. Navegan a la deriva como barcas a merced del temporal sin saber que, después de la tormenta siempre llega la calma, para aquellos que aguantan el empuje de las olas sujetos al timón.
Pero queridos amigos, para poder sujetar el timón o por lo menos agarrarse uno exhausto a él para, al primer signo de amaine enderezar la nave, primero hay que saber que existe. El control del tiempo solamente es posible desde la conciencia presente. Vencer esa batalla sobre el control de nuestro tiempo psicológico significa ser feliz. Boyd y Zimbardo han creado un test para medir la orientación temporal de cada persona. Todos tenemos algo de cada perspectiva temporal y la conclusión a la que llegan estos dos psicólogos del tiempo es que, saber cómo enfocar nuestra perspectiva temporal en cada momento nos hará seres más felices. Creo que la media del ZTPI de cada persona es en gran medida una cifra que mide el nivel de optimismo o pesimismo. ¿Debemos ser optimistas o pesimistas? Cuando un ser nace, una nueva vida, aún en el nivel más simple de forma de conciencia, tiende a la vida por el mero hecho de que ya es vida. Alguien podría pensar lo contrario: por el mero hecho de ser vida se tiende automáticamente a la muerte ¿verdad? Pues bien, ese razonamiento sólo se puede deducir desde una perspectiva temporal futura, o sea, es un espejismo, interpretando la vida en el momento en que el ser está vivo. Por eso, desde un punto de vista meramente biológico podemos explicar el optimismo porque es, ni más ni menos, elegir la vida ahora que es cuando vivimos.
Así, el pesimismo se revela como la raíz de todos los trastornos de la anticipación o recuerdo, como la ansiedad o la depresión. Pero el problema es complejo ya que no detectamos a tiempo como se instalaba en nosotros esta tendencia negativa, nutriéndose de algo que sólo el ser humano posee por encima del resto de animales: La noción de su propia muerte. En el momento en que somos conscientes de que tenemos un destino final todo se transforma. Evolutivamente se fue creando esa corriente de pensamientos automáticos negativos que nos asalta en cuanto nos despistamos: A la par que el miedo a la muerte nos guiaba a través de las generaciones hacia la supervivencia, nuestra mente evolucionó con el germen de esa semilla enraizado en lo más profundo de nuestro cerebro. Aún así, podemos elegir. Elegir entre nuestra naturaleza, la cual es antes de nada vida o elegir la proyección, el miedo a la muerte como motor de nuestra conducta, lo que es de hecho un espejismo, porque ¡No estamos muertos, estamos vivos!
¿Cuál es la diferencia principal entre estos dos tipos de conciencia? El sufrimiento y ¿Cuál podría ser un buen comienzo para la felicidad? Exacto, la ausencia de sufrimiento. Cuando un amigo nuestro esta mal, triste por algún revés del destino ¿Qué hacemos nosotros? Intentamos alegrarle, intentamos con todas nuestras fuerzas que, por un momento, pueda ver las cosas como nosotros la vemos. Transmitirle optimismo frente a una realidad que esta viviendo porque nosotros somos la prueba de que se puede existir en ese momento sin sufrir. Esto entronca directamente con el fluir de Mihály Csíkszentmihályi ya que, para mí, el estado de flujo que describe es la ausencia total de miedo por medio de la metamorfosis de la conciencia en pura acción presente, pura vida, realización en sí misma o, por qué no, el optimismo máximo: Sí.
Tira del hilo: La Paradoja del Tiempo (Philip Zimbardo y John Boyd). Paidos 2009 Inteligencia Emocional (Daniel Goleman). Kairos 2002 Fluir (Mihály Csíkszentmihályi). Kairos 1997
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