| De luces y apagones |
| por Uno de la Redacción |
|
| MARTES 13 DE ABRIL DE 2010 A LAS 18:56 HORAS |
| Opinión > Política |
| |
|
|
|
PEDRO P. HINOJOS. En estos días de convalecencia por el apagón analógico y el consiguiente y forzoso agujero en el bolsillo para comprar y renovar aparatos que funcionaban perfectamente hasta el pasado 30 de abril, obteniéndose a cambio lo mismo de siempre más un montón de canales de teletienda y engañifa telefónica; se olvida que hasta no hace demasiado vivíamos entre las tinieblas receptoras más absolutas.
Sobre todo en los pueblos y aldeas, un mundo olvidado por la telaraña politécnica nacional, o sin cuartos suficientes como para sufragarse la antena repetidora que conectara a los paisanos con la civilización televisiva y radiofónica. La nevada impenitente en la pantalla de la tele o los silbidos siderales desde el transistor forman parte de la memoria de más televidentes y radioescuchas de lo que se cree. Y aunque parezca increíble, no todo en aquel pasado de ondas sombreadas fue malo. Ver la primera cadena a saltos o escuchar Radio Nacional de España entre los aullidos hertzianos se apreciaba en lo que valía, que además era mucho.
De ahí que la reciente desaparición de Juan Manuel Gozalo, uno de aquellos rostros y voces familiares, se lamente casi como la pérdida de un entrañable extraterrestre. Gozalo, como Santiago Peláez, José Joaquín Brottons, Chema Abad o Leontxo García, nos aliviaron la ausencia en el dial de la FM comercial, los Supergarcías y los 40 Principales con un soniquete que hoy sentimos en el recuerdo como un ejemplo único de las cosas bien hechas.
Porque nunca nadie ha transmitido más y mejor el amor al deporte como aquella gente en las retransmisiones de Olimpiadas y Mundiales o en espacios como Tablero deportivo o Radiogaceta. Escuchando y viendo lo que se hace ahora, con su diversidad fraudulenta, se echa mucho más de menos aquel inolvidable monopolio, que con todo los ruidos y nublados buscaba con respeto e inteligencia al público, no a la manada. ¿Quién ilumina más? ¿Quién apaga menos?
|
|
|
| Comentarios |
| Pedro Pérez Hinojos |
|
| miércoles 14 de abril de 2010 a las 18:43 horas |
| Para hablar de modernidad, nadie más competente que usted, Roy, que ha visto atacar naves en llamas más allá de Orión o rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. De acuerdo en casi todo con usted, aunque no creo que añorar el pasado sea malo; lo malo, pienso, es quedarse anclado en él. Más peligrosos son los opios que nos rodean, porque cuesta mucho descubrirlos y más todavía desengancharse de ellos. Aunque usted lo sabe mejor que nadie. Dijo en alguna ocasión, y discúlpeme si la cita no es del todo literal, que es una experiencia única tener que vivir con miedo, porque en eso consiste ser un esclavo. Le agradezco sinceramente sus comentarios. Un saludo y no olvide ponerme a los pies de la bella Pris. |
| Roy Batty |
|
| miércoles 14 de abril de 2010 a las 14:14 horas |
| Debería usted poner, Sr.Pérez, "civilización televisiva y radiofónica" así, entre comillas. De acuerdo en que la posmodernidad mediática supone una seudopluralidad que abunda en la banalidad y en estulticia, pero tampoco habría que añorar demasiado el pasado. En cualquier caso, el "opio del pueblo" tiene ya demasiadas caras. Uno, que se quedó en la modernidad. |
|
[1-2] |
|
|
|
|